Surf, Turf y Vinos en José Ignacio, Uruguay

Las playas de Uruguay son conocidas como unas de las mejores de Sudamérica, pero sus paisajes del interior llenos de ranchos, de vegetación frondosa y de ondulantes tierras vinícolas no son para menos a pesar de no haber sido tan exploradas por ahora.

Uruguay es un país de tan solo 3,5 millones de habitantes que se ha posicionado en el  número 14 en el Índice del Planeta de la Felicidad, lo que le ha valido nombres como   «la Riviera uruguaya» o «el San Tropez de Sudamérica». 

Son muchos los lugares que le han hecho ganarse esta posición, pero sin duda la ciudad más cool de todas es José Ignacio, un enclave pesquero adormecido que ha renacido como epicentro de la escena playera uruguaya. Con la llegada de las estrellas del pop, los futbolistas y las supermodelos, la ciudad se ha vuelto más bulliciosa y elegante, pero sin perder su virginidad.

El restaurante más exitoso de la zona es La Huella. A simple vista parece tan solo un parador de playa con  techo de paja y suelo de madera con polvo de arena pero, sin embargo, es la mesa más difícil de conseguir en los ajetreados meses de enero y febrero. En esa época, al sonido del mar se le suman los distintos acentos de turistas venidos de todas partes del mundo.

Muy cerquita de José Ignacio, a poco más de 10 kilómetros, se encuentra Estancia Vik, una de las tres propiedades en Uruguay lanzadas por el multimillonario inversor y empresario uruguayo-noruego Alex Vik y su esposa, Carrie. Este rancho es el lugar ideal para apreciar la belleza rural de Uruguay y escapar del bullicio.

Si bien en el pasado, el interior de Uruguay significaba ovejas, vacas y muy poco más, en los  últimos años eso ha cambiado gracias a que argentinos y brasileños adinerados, junto con algún que otro uruguayo y estadounidense, han contratado a estudios de arquitectura locales e internacionales para construir impresionantes casas de campo con vistas panorámicas. Eso le ha ha dado otra fisionomía al paisaje campestre del país. 

La más espléndida de las nuevas construcciones que dominan el interior de Uruguay, con diferencia, es Bodega Garzón, una empresa elegante y moderna de 85 millones de dólares fundada por Alejandro Bulgheroni, supuestamente el hombre más rico de Argentina. La bodega ofrece visitas guiadas y un restaurante dirigido por el famoso chef argentino Francis Mallmann. Queda por ver si los Tannats de Bodega Garzón (tintos sabrosos y especiados, vagamente comparables a los Malbec) harán que Uruguay se una a las filas de las potencias vinícolas exportadoras de la región, como Argentina o Chile.

En el interior de la provincia de Maldonado, las colinas dan paso a una región escarpada a la que se denomina, con razón, la Toscana de Uruguay. Allí se encuentra Hotel Paisaje Sacromonte. En 2014, su propietario, Edmond Borit, dejó una carrera como ejecutivo de alto nivel en una multinacional europea para seguir los pasos de su abuelo, un viticultor francés. Compró 100 hectáreas con el objetivo aparentemente idiosincrásico de dejar el 85% de la propiedad sin cultivar para que la tierra volviera a su estado natural y preservar las tradiciones locales: «Todo el mundo pensó que tenía una crisis de la mediana edad», confiesa Borit riendo, pero lo cierto es que él solo quería volver a vivir en paz con la naturaleza y es imposible no tener esa sensación de tranquilidad cuando te atraviesa el silencio de Sacramonte.  

A una hora de allí en coche, está Pueblo Garzón. Con menos de 300 habitantes, parece un lugar poco probable para una experiencia culturalmente refinada. Moribundo durante casi un siglo antes de ser «redescubierto» por Mallmann, el lugar cuenta ahora con un hotel, dos restaurantes y una residencia de artistas. El hotel y el restaurante Garzón de Mallmann, junto con Casa Anna, su casa de huéspedes contigua, toman la estética clásica del diseño decó de Argentina y Uruguay y la mezclan con toques franceses hogareños y rústicos.

Para cerrar esta visita, podemos detenernos a comer en Choto,  el restaurante del humorista argentino Fabio Alberti que lo abre cuando tiene ganas y donde nunca sabes qué vas a comer de antemano, pero siempre tienes la seguridad de que no te va a defraudar.  Se trata de un lugar peculiar, como su dueño, en un entorno bucólico y sin pretensiones, con platos hechos de materias primas de productores de la zona. Te recomendamos el pato confitado, una carne muy poco usual en Uruguay. 

No te pierdas este paseo por el interior de Maldonado para deleitarte con sus paisajes rurales, degustar el mejor vino del país, redescubrir el silencio de la naturaleza y reencontrarte contigo. 

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