Pueblo Garzón: de pueblo fantasma a centro cultural de Uruguay

pueblo garzón

Garzón, un pueblo detenido en el tiempo al este del Uruguay, está ubicado a 30 minutos del faro del balneario José Ignacio y ha logrado cautivar con su magia a turistas de todo el mundo.

La estación de tren de Pueblo Garzón se encuentra  a unos 145 kilómetros al este de la capital del país. Los trenes no paran en ella desde hace medio siglo. A pesar de estar en ruinas, o quizás por eso,  conserva el encanto de los lugares con años de historia.  

En la parte de atrás, las vías oxidadas se adentran en un horizonte vacío, enterradas hace tiempo bajo la hierba. Iván Martínez, un marchante, unió dos vagones abandonados a través de una pasarela de madera y, en su interior, ofreció un espacio a artistas latinoamericanos emergentes.

Pueblo Garzón fue una tierra de oportunidades que después cayó en el olvido y hace poco empezó a repuntar. Nació hace aproximadamente un siglo, cuando los agricultores y ganaderos inundaron el este de Montevideo hacia Brasil. Los políticos de la capital no llegaron a nombrar el lugar hasta 1935, rindiendo homenaje  al famoso independentista del siglo XIX, Eugenio Garzón, el  general que estaba destinado a convertirse en uno de los primeros presidentes de Uruguay, pero que murió de camino a Montevideo para tomar posesión del cargo. 

La muerte de Pueblo Garzón, como la de tantos pueblos ferroviarios, vino de la mano de una nueva carretera, la Ruta 9, que se abrió paso unos kilómetros al sur y dejó obsoleta la línea férrea. En la década de 1960, la población había caído en picado, pasando de unos 2.000 habitantes a menos de 200. Durante medio siglo, Pueblo Garzón permaneció como un pueblo fantasma de película.

Luego, en la última década, ocurrió algo extraño: las casas abandonadas de pueblo Garzón se convirtieron en restaurantes de lujo, bares de vinos y galerías de arte. Los turistas de todo el mundo empezaron a llegar, encantados por sus calles sin asfaltar y la nostalgia del tiempo.

El célebre chef argentino Francis Mallmann-más conocido en el extranjero por su caprichoso episodio sobre la Patagonia en la serie estadounidense de Netflix Chef’s Table- dice que está enamorado del lugar desde sus primeras visitas a finales de los años 70, cuando dirigía un restaurante en la costa cercana. En 2003, Mallmann abandonó el húmedo Atlántico y se trasladó al interior más seco de Garzón, abriendo un restaurante al borde de su plaza rodeada de palmeras. Pronto se arreglaron las calles y la ciudad experimentó algunas de sus primeras mejoras en una generación.

En la misma época en que Mallmann llegó al pueblo Garzón, también lo hizo el acaudalado empresario argentino Alejandro Bulgheroni quien, a  mediados de la década de 2000, convirtió Garzón en una nueva región vinícola. Bodega Garzón se inauguró en 2016 y ahora unos 30.000 turistas acuden cada año para catar los vinos que han posicionado a Uruguay en el mercado vinícola.

Entre esas botellas se encuentra Balasto, un elegante blend tinto con mucho Tannat, así como el brillante y enérgico Petit Clos Albariño que muestra el potencial de esta uva gallega en el otro lado del Atlántico. Bulgheroni también siente pasión por los rosados de estilo provenzal, sobre todo en el Field Blend 2021.

Más allá de las catas, los visitantes de la Bodega Garzón también pueden jugar rondas en el club de golf Tajamares o cenar en el restaurante que dirige Mallmann.

Sin embargo, igual de atractivas que la Bodega Garzón son las bodegas  boutique que están apareciendo en la ciudad, como la Compañía Uruguaya de Vinos de Mar, que abrió un pequeño restaurante y bar de vinos en enero. Dirigido por Michelini i Mufatto (una empresa familiar con bodegas en Mendoza, Argentina y la región del Bierzo en España), ofrece tapas uruguayas maridadas con lo que denomina «vinos trascendentes».

Pueblo Garzón está pasando de ser un destino de un día a un lugar para un viaje más largo y sosegado. El pequeño hotel Mallmann de cinco habitaciones, situado en un gran edificio de ladrillo que en su día albergó un almacén de ramos generales, solía ser el único en la ciudad. Ahora, se pueden encontrar casas de vacaciones rústicas y elegantes y lujosas propiedades boutique como el LUZ Culinary Wine Lodge, con seis habitaciones. Se trata de una propiedad minimalista de estilo marroquí, en medio de viñedos y olivares de color verde esmeralda en la carretera entre Garzón y José Ignacio. También hay un spa con productos de belleza a medida, un bar de ginebra junto a la piscina infinita y un restaurante pop-up en el bosque de pinos adyacente, donde el chef argentino Martín Milesi reúne a los huéspedes en torno a una larga mesa.

Puede que la comida y el vino sean la piedra angular de Pueblo Garzón, pero lo que realmente ha consolidado su ascenso en los últimos años es la avalancha de artistas que ahora llaman a este pueblo su hogar. Por ejemplo, la fotógrafa estadounidense Heidi Lender compró un terreno y, en 2017, abrió el instituto creativo Campo, que ofrece programas de residencia para artistas y una cantina donde los visitantes pueden conocerlos. 

El Campo Artfest anual es su evento estrella, un carnaval de creatividad. Se celebra a finales de diciembre, justo antes de Este Arte, una feria de arte en ciernes en la cercana ciudad turística de Punta del Este, y del Festival Internacional de Cine de José Ignacio, con proyecciones al aire libre en la estación de tren de Garzón. El resultado: una temporada de festivales de un mes de duración. Sin embargo, todo el verano (de noviembre a marzo) es realmente un hervidero de actividad, ya que los jóvenes artistas dan nueva vida a las casas abandonadas de la época de 1920.

Cerca de Campo, encontramos otros espacios de exposición, el más grande de los cuales, Walden Naturae, es un ambicioso proyecto de Ricardo Ocampo, el creador del espacio de arte contemporáneo Waldengallery en Buenos Aires. Se encuentra detrás de un imponente muro de ladrillos rojos en las afueras de la ciudad y, en temporada, presenta cada mes nuevas exposiciones de arte contemporáneo latinoamericano.

Un poco más allá de los límites de la ciudad se encuentra el parque de esculturas del artista visual uruguayo Pablo Atchugarry (cuyo hijo Piero abrió una galería cerca de la plaza principal de Garzón en 2019). El arte abstracto monolítico de Atchugarry comparte espacio en la colina con obras del escultor alemán Peter Schwickerath y del pionero del Land Art estadounidense, Alan Sonfist. Sus piezas se alzan como juguetes quijotescos mientras paseas por los senderos de esta reserva.

En enero, en un jardín de esculturas más grande y cercano a Punta del Este, la fundación de Atchugarry inauguró el primer museo de arte contemporáneo de Uruguay: EL MACA. El enorme edificio ondulado del arquitecto Carlos Ott combina pinturas de maestros uruguayos (Joaquín Torres-García, María Freire) con obras de Frank Stella, Wifredo Lam y Louise Nevelson.

Junto a la llegada del MACA, Lender lanzó una Ruta de Arte que une un circuito de instituciones creativas entre Punta del Este y Garzón y confía en posicionarlo como un destino artístico y cultural de primer orden.

Conjugar naturaleza, pasado y decadencia con modernidad y apertura al mundo  es el gran desafío para Garzón, la ciudad dormida que despierta de su letargo. 

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